El populismo es un concepto difuso, ambivalente, que a veces resulta lleno de ideología y otras, tan hueco que degrada; pues ya Ernesto Laclau lo definía como una bolsa vacía donde cabe todo.

Axel Kaiser estará en Montevideo el próximo 28 de junio en el evento gratuito organizado por la Cámara: Cómo enfrentar el populismo (más información)

Por Fabrizio Turturici

El populismo es un concepto difuso, ambivalente, que a veces resulta lleno de ideología y otras, tan hueco que degrada; pues ya Ernesto Laclau lo definía como una bolsa vacía donde cabe todo. La corriente populista suele ser venerada y denostada en partes iguales, dado que admite –como un espejo de feria- distintas concepciones según desde dónde se lo mire.

La controversia del populismo fue estudiada a fondo por la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez y el escritor chileno Axel Kaiser, que brindaron un extenso reportaje a Conclusión en el hotel Ros Tower, en el marco del XII Congreso de Economía Provincial organizado por la Fundación Libertad, donde presentaron su nuevo libro: “El engaño populista”.

“El populismo se define como una doctrina política que reivindica los derechos de un pueblo virtuoso, supuestamente oprimido por una élite explotadora y viciosa”, comienza Kaiser, abogado, escritor y columnista del periódico transandino El Mercurio.

A modo de complemento, Gloria Álvarez Cross, graduada en relaciones internacionales y ciencia política y con una maestría en Desarrollo Internacional en la Universidad Sapienza de Roma, agrega que “es difícil ser popular sin ser populista”.

Ambos se muestran con estridente ideología libertaria y no se ruborizan al decirlo. Álvarez y Kaiser, quienes viajan por el mundo disertando para divulgar sus ideas liberales en contra del populismo, expresaron a este diario que “en nuestro libro, hablamos del populismo no tanto como una doctrina política sino más bien como una mentalidad cultural”.

“Sus componentes son, básicamente, el estatismo y el odio a la libertad. El populismo, sea de derecha o de izquierda, siempre es enemigo del libre mercado; suele utilizar a la democracia como una fachada para llegar al poder, concentrarlo y aplastar el estado de derecho. Muchos se terminan transformando en líderes autoritarios, como Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez, Daniel Ortega y –en parte- Cristina Kirchner”, continuaron los escritores del libro mencionado que presentaron en Rosario.

“El socialismo del siglo XXI es antidemocrático y antiliberal, porque no sólo rechaza la libertad sino también las instituciones del estado de derecho, que son las que frenan el poder del gobernante: las van destruyendo. Ese es el escenario que nosotros analizamos en América latina y el caso español de Podemos. Puede ser que el populismo en otros lados, tenga otros elementos”, aclaró el escritor chileno Axel Kaiser.

— ¿Qué diferencia a un gobierno populista de uno verdaderamente popular?

Gloria Álvarez: Las medidas que se van tomando, que no obedecen a la lógica económica. Cuando gastas más de lo que te ingresa, cuando piensas que las cosas son gratis, cuando das cualquier dádiva a corto plazo mientras en tu país no está garantizada la seguridad y la justicia social, estás viendo a un típico líder populista. En cambio, un gobierno que sea popular, paradójicamente, generalmente toma medidas que van contra el sentido común y la razón: a la gente no le gusta que le digas que tienen que esforzarse para que todo esté bien. Cuando un gobierno es popular sin ser populista, es porque está tomando medidas en base al sentido común, a la que la historia y la economía han demostrado. Pero los gobiernos que toman mucha sensatez, usualmente por los errores que cometen no se les reconoce las cosas buenas que hacen. Entonces, es difícil ser popular sin ser populista.

— ¿El primer gobierno de Perón estuvo más cerca de qué?

— Álvarez: El primer gobierno de Perón era populista y popular. Sobre todo porque se trataba de un nuevo experimento, entonces era más fácil vender una propuesta que todavía no había mostrado sus nefastas consecuencias. Pasa con Perón lo que pasó con Chávez: murieron antes de ver el verdadero desastre y lo nefasto de las medidas que tomaron. Mucha gente te dice: ‘Perón no fue el problema, el problema vino después’. Hay imágenes de Evita regalando plata, y la plata de por sí no vale nada, es papel, lo que vale es la productividad que la respalda. Entonces, cuando tú aniquilas la productividad pero haces el pan y el circo, que es típico del populismo, te vuelves ‘popular’.

— Suele decirse que Argentina iba camino a lo que es hoy Venezuela. ¿Cuánto de verdadero hay en ello?

— Álvarez: Yo creo que sí: Cuba siguió el camino de la Unión Soviética, Venzuela siguió el camino de Cuba, Bolivia lo está siguiendo… Es una misma receta aplicada en todos lados, la diferencia es qué tanto se avanza en cada caso. Cuando llegas al final de los casos, más te acercas a esos ejemplos que mencionamos.

—Pero si el populismo tiene grados de aprobación social tan altos, ¿cómo se hace para salir de este modelo?

— Axel Kaiser: Cuando a los populismos se les acaba el dinero y comienzan a arruinar a los países desde el punto de vista económico, es la oportunidad para que las ideas que sí funcionan tengan una opción de convencer. En parte, a Argentina le está pasando esto. Macri llegó cambiando el estilo, con un discurso más pacífico en un país que está económicamente destrozado, y eso es lo que hay que mantener en el tiempo. Se debe avanzar, también, hacia instituciones que respeten la dignidad de las personas. Dijimos que el populismo aplasta la dignidad de las personas, nosotros promovemos ideas que la rescaten. Eso depende de la batalla cultural, de las ideas que predominen en la sociedad. ¿Si la gente está convencida de que el peronismo es el camino, y luego de tantos años de peronismo ven que el país está cada vez peor y aún así lo siguen votando, qué vas a hacer? Es difícil o casi imposible salir de eso. Mientras no logremos convencer a la gente de que el estatismo, para los argentinos, es el origen del desastre, van a volver las mismas prácticas.

— No obstante, suele atribuirse el mote de populista a la izquierda. Pero también están surgiendo caudillos populistas de derecha, como Trump, Le Pen…

— Kaiser: En este caso, habría que ver qué es lo que define si estos personajes están en la derecha o en la izquierda. Es que la política económica de Le Pen es súper estatista, más cercana a un socialismo que a un liberalismo. De la misma manera que la política económica del fascismo, era socialista. De hecho, Mussolini –facho por excelencia- dice que el ‘fascismo es lo opuesto al liberalismo’.

— En Estados Unidos, la mayoría de los ciudadanos no están conformes con los dos candidatos a ocupar la Casa Blanca: Hillary Clinton y Donald Trump. ¿Cuál es su mirada?

— Álvarez: Claramente, los dos candidatos no son lo mismo. Hay diferencias, creo que Clinton viene de una tradición que lleva muchos años en el poder: ella y su marido están desde el ’91. Las evidencias que el documental “Clinton Cash” coge, de cómo han utilizado su fundación para aliarse de dictadores en diferentes países y cómo han hecho una maquinaria del lavado del dinero, a mí me lleva a la conclusión de que los Clinton llevarían a Estados Unidos a un paso todavía más extremo de donde lo dejó Obama, con la lógica estatista de una economía cada vez más regulada y controlada, que va en contra de la tradición norteamericana por excelencia.

— Entonces, según su mirada, ¿sería conveniente una victoria de Trump sobre Hillary?

— Álvarez: No, mejor no: menos peor.

— Por último y a modo de reflexión final, ¿qué papel o responsabilidad le cabe a la sociedad en todo modelo populista?

— Kaiser: Los ciudadanos debemos asumir un rol de aclarar confusiones, movilizar gente –del mundo político, académico, empresarial- de manera tal de romper el engaño populista y la hegemonía cultural que lo sostiene. Nadie está libre de las consecuencias de la destrucción de la sociedad, por lo tanto todos tenemos la obligación de participar en su defensa. La responsabilidad es de los ciudadanos más que de los políticos, porque estos segundos se deben a los primeros, que son los que los votan y empoderan. Cada uno de nosotros está obligado a limitar el poder de los políticos, para exigir que respeten nuestros derechos fundamentales. En este sentido, hay gente que estará en contra, que preferirá la tranquilidad de un ingreso que le brinda el Estado al riesgo que implica ganárselo por su propio esfuerzo, pero como bien ha dicho Benjamin Franklin: ‘Los que prefieren entregar la libertad a cambio de un poco de seguridad, no merecen ni libertad ni seguridad’.

Fuente: Conclusión