La historia empieza con una mujer que quiso cambiar el juego de living. Gastó $ 27.000 y lo financió en cuotas. Dejó de pagar al tercer mes. Pasaron siete años y la mujer está en una audiencia, sentada frente a la jueza Dora Szafir, que ante la actualización de la deuda sacude la cabeza porque…

La historia empieza con una mujer que quiso cambiar el juego de living. Gastó $ 27.000 y lo financió en cuotas. Dejó de pagar al tercer mes. Pasaron siete años y la mujer está en una audiencia, sentada frente a la jueza Dora Szafir, que ante la actualización de la deuda sacude la cabeza porque no puede creer el número que escucha. Ese juego de living le está costando $ 1.361.000. Le está costando la casa, porque se la van a rematar para cobrar la cuenta.

—¿Sabés a la cantidad de gente que tuve que dejar en la calle? —dice Szafir—. Me daba mucha impotencia ver a las personas en esa situación, y yo como jueza no podía hacer nada porque esas tasas de interés están permitidas por ley.

Szafir se jubiló en 2012, pero sigue siendo docente de la Facultad de Derecho de la UdelaR en calidad de especialista en derecho al consumidor. Allí dirige el Centro de Relaciones de Consumo. En los próximos meses planea crear una asociación con algunos de sus estudiantes y otros profesionales, para darles asesoramiento a usuarios de créditos en aprietos.

Hasta el momento existe una sola iniciativa similar, Consumidores y Usuarios Asociados, que está a punto de cumplir dos décadas de vida y cuenta con más de 1.000 socios. Y está la oficina del Área de Defensa al Consumidor del Ministerio de Economía y Finanzas, que en 2017 realizó 1.729 mediaciones entre usuarios y servicios financieros, y recibió 5.143 consultas de este ámbito.

Szafir también quiere, junto a otros especialistas, promover la modificación de la Ley de Tasas de Interés y Usura, que según su punto de vista tiene pasajes inconstitucionales y es culpable de que una cuenta pequeña termine convirtiéndose en una “cifra de fantasía”.

—La usura en este país es una ridiculez. Es virtual, porque la ley la avala, pero la Constitución la castiga. Tenemos tasas de interés máximas de tres dígitos y una inflación de un dígito: son tan altas como las que requieren las economías con grandes inflaciones, con un valor del dinero que se deprecia fácilmente, y no es nuestro caso. ¿Vos sabés cómo se calcula qué es usura? —pregunta.

El Banco Central del Uruguay (BCU) les pide a los actores del mercado financiero que le envíen mensualmente las tasas con las que operan, hace un promedio y sobre ese número permite unos topes máximos. Si se supera ese número, hay usura, y la institución es multada. Según informó el BCU a través de su departamento de comunicación, en los últimos tres años recibió 33 reclamos por aplicación de tasas de usura, pero solo tres fueron comprobados.

Para esta experta, no es correcto que el BCU “juegue las reglas del mercado que fijan los propios prestamistas”.

Es que la mayoría de las deudas no desaparecen como por arte de magia. En la última década la gestión de cobranzas se profesionalizó con el surgimiento de estudios especializados en tratar con los morosos desde el primer día de atraso. Para eliminar cuentas pendientes, algunas de estas empresas incluyen inteligencia artificial y de esa forma crean perfiles de deudores y estrategias para llegar a ellos. Por eso, hoy es casi utópico pedir un crédito, no pagarlo y olvidarse de él.

Considerarse incobrable puede tener consecuencias muy malas. Y aunque por un lado la tendencia de esta gestión es priorizar el diálogo y negociar una cancelación o financiación de la deuda antes de emprender acciones judiciales, existen más herramientas legales a disposición de los abogados para cobrar. Por ejemplo, entre los cambios en el Código General del Proceso efectuados en 2013 se habilita a embargar una cuenta de ahorro de un deudor (que no es la cuenta del sueldo). Los ojos sobre los deudores se multiplicaron.

Cambiar la ley.

Las estadísticas indican que en 2017 los uruguayos consumimos mucho, nos endeudamos con prudencia y, en comparación a 2016, algunos más pasaron a ser morosos. La tasa de incumplimiento de pagos creció levemente, pero, según los especialistas, no hay de qué preocuparse. Si bien el escenario no enciende ninguna alerta, hay quienes proponen mirar de cerca esa variación y detenerse en los créditos al consumo, especialmente en aquellos que ofrecen las financieras: allí es que la tasa sube.

Endeudarse no es malo. El problema surge cuando la suma de créditos sobrepasa el ingreso mensual. Cuando esto sucede y se cae en mora, a los intereses compensatorios que conlleva todo crédito se le suman los intereses por mora.

El contador y perito judicial Nelson Chicurel lo expone así: “La tasa máxima anual de interés compensatorios para créditos a familias permitida por el Banco Central del Uruguay (sin autorización de descuento del sueldo) está en torno del 140%, pero si se le suma el IVA que tienen todos los créditos sube a 189%. Si caes en mora, se suma otra tasa cuyo valor máximo anual permitido es del 162,5%, que con el IVA alcanza a 221%. Esto se suma a la deuda original cada año que pasa. Realmente es un país récord en tasas de intereses al consumo”, dice.

Esta otra historia comienza con unos hermanos que reciben la herencia de una tía: un apartamento tasado en US$ 300.000. Están contentísimos, pero lo tomaron sin beneficio de inventario, es decir, no saben si tiene deuda y de tenerla, la asumen. Decidieron mal. La tía debía seis años de gastos comunes. Debía US$ 3.000. Los hermanos escuchan la actualización de la deuda incrédulos: cada mes el recargo por multa es del 20% y los intereses son del 160% anual. Los hermanos deben US$ 1.000.000. Se quedan sin apartamento y con una deuda millonaria.

—Yo veo estos disparates unas 10 veces por año, por lo menos —dice Chicurel.

Pero, ¿por qué las tasas máximas son altas? Según este contador, “tiene que ver que haya una proporción considerable de morosos incobrables, que los costos administrativos del país son altos, y que es un sector con mucha competencia, pero con pocos jugadores grandes, que tienen que afrontar grandes costos fijos”, dice.

Lo que Szafir y Chicurel quieren proponer a los legisladores es modificar la ley de usura, tomando su artículo 20 y expandiendo el beneficio que estipula únicamente a quienes se endeudan por menos de 20.000 unidades indexadas ($ 74.418) a la totalidad de los deudores. Según el mencionado ar-tículo, estos deudores pueden recibir la tasa estipulada en el contrato firmado por intereses moratorios por dos años, pero luego de este período, salvo que el acreedor hubiera promovido acción legal en ese tiempo, la generación de intereses moratorios caduca, y la tasa de interés anual para una deuda en pesos pasa a ser solo del 6% por encima de la inflación. Cuando la deuda es en dólares solo es del 6% anual.

“Con la inflación de hoy (alrededor del 7%), luego de dos años el interés para las deudas en pesos sería del 13%, es decir: 10 veces menos del interés máximo. Y en dólares, se pasaría a pagar la tercera parte de la tasa máxima vigente”, dice Chicurel.

Además de extender este término a la totalidad de deudores sin distinción de monto adeudado, proponen excluir de la ley la condición de que no exista acción judicial previa: “Con esta condición incluso quienes deben menos de $ 74.418 pierden este beneficio”, aclara.

Tanto él como la abogada Szafir visitaron decenas de veces el Senado con esta propuesta, pero aún no tuvieron éxito.

Como un virus.

Según informó la consultora CPA Ferrere, en noviembre de 2017 la morosidad de las familias en bancos comerciales fue de 3,4%, mientras que en el caso de las administradoras de créditos alcanzó el 20%. De acuerdo al Monitor del Mercado de Crédito al Consumo que elaboró Pronto! en diciembre pasado, los indicadores demostraron que en el universo de las financieras hay una menor cantidad de deudores, pero más deudores tienen más de un crédito. Entre estas personas, el pago de las cuotas de préstamos, órdenes de compra o pagos mínimos en tarjetas de crédito representan un 28% de su ingreso mensual.

Entonces, ¿quiénes son los que se endeudan? La economista Martina Portela trabajó durante 10 años en distintas financieras y recientemente se incorporó a la empresa de recuperación de activos CGM&A. Sobre cómo definir al moroso, explica: “No existe un perfil único, porque la morosidad es una realidad multifactorial”. Entre las circunstancias que juegan están la educación financiera del usuario, pero también su situación laboral o si debió afrontar la enfermedad de un pariente. “Hay perfiles que suelen ser más morosos, pero si fuera tan fácil definirlos no se realizaría el análisis de riesgo”, argumenta. Su búsqueda cotidiana es analizar millones de datos para determinar tendencias. “Quiénes pagan menos, quiénes más, cómo llegarles a todos, qué productos son más morosos”, enumera.

La morosidad puede ser contagiosa. Ese es uno de sus rasgos más peligroso, advierte Portela. “Imaginate que sabés que tu vecino contrajo un préstamo en un banco, no pagó y no pasó nada. De repente eso te hace a vos más propenso a no cumplirle a ese banco, pero sí le cumplís a otro”, explica. “Tenés que explicarle al usuario cuáles son las consecuencias que tiene si no cumple con sus obligaciones. Aún falta información: hay quienes todavía no entienden el impacto y creen que la única consecuencia es en el clearing de informes”.

La principal tarea de Vinicius Duarte, gerente general de CGM&A, es impedir que la morosidad se vuelva viral. Tras la gestión de 2,4 millones de deudas de todo tipo, concentradas en poco más de un millón de personas, Duarte sabe que las deudas, como los accidentes, pueden pasarles a cualquiera. Según le revelaron distintos análisis, el promedio de endeudamiento ronda los $ 30.000, hay cada vez más deudores jóvenes y, entre que el usuario cae con el primer acreedor y el último, pasan alrededor de 330 días. Es decir, el uruguayo intenta a lo largo de un año ponerse al día antes de rendirse.

Por eso Duarte asegura que eso de que somos conservadores también se puede ajustar a la voluntad de pago. “La cultura del uruguayo es pagar y cuando no lo hace tiene la sensación de estar en falta”.

Nadie está libre de deudas. Esa parece ser la máxima que está detrás de la tendencia que, según Duarte, prima como política de cobranzas entre las empresas que contratan sus servicios. Dialogar primero, negociar después y, de paso, educar en finanzas, una tarea que los especialistas consultados reconocen que el BCU y varias firmas se esfuerzan en realizar, pero aún está incompleta.

Álvaro Hargain, gerente general de Pronto!, líder entre las financieras, con una cartera que supera los 244.000 clientes, y con 198.000 tarjetas Visas entregadas, dice:

—Para la empresa el mejor negocio es un cliente sano. En este negocio, lo mejor que te puede pasar es que la persona no pague un solo peso de interés.

Cara a cara.

Que a las empresas les sirve que el cliente se endeude para cobrarle los intereses, entonces, ¿sería un mito? “En el 99% de los casos te diría que sí, es un mito y debería ser desterrado”, asegura Chicurel. “Porque vos podés prestar tanto como cobrás y las financieras chicas tienen que lograr que el circuito cierre completamente, por eso en las publicidades se promocionan premios a quienes pagan en fecha regalándoles la última cuota”, dice. Y aclara: “Para alguna financiera grande puede ser rentable el atraso en los pagos, pero por lo general un cliente moroso es un crédito complicado”.

Duarte plantea que esta postura viene de la mano de la llegada de nuevos actores internacionales al país, que invierten en ganar nuevos clientes y no quieren perder otros “porque no se hizo la gestión correcta para que solucionen sus problemas de pago y retenerlos”. Concluye: “Hoy el pensamiento es cancelar la deuda y adquirir nuevamente a ese cliente”.

Sin embargo, en el caso de la tarjeta de crédito Chicurel no piensa lo mismo: “Ahí las financieras sí prefieren que pagues el mínimo y te endeudes, porque detrás de una tarjeta hay un banco que puede soportar el atraso, y financiar la deuda de los usuarios es otro negocio en sí mismo”.

Otra empresa que gestiona moras, GMGroup, recuperó 3.700 deudas no pagadas, pero ninguna corresponde a una tarjeta. Las tarjetas y los créditos a las financieras les resultan casi imposibles de cobrar. Ubicados en Salto, Marcelo Asensio, uno de los socios de la firma, dice que tienen un 99% de efectividad en el rubro automotor y un 90% en el ambiente del agro. Esos son sus sectores estrella.

Para ellos el truco es cambiar la llamada de teléfono por la visita personal al domicilio, “para conocer la realidad del deudor”. Y además de recurrir a la guía telefónica para rastrear a los usuarios más escurridizos, trabajan con dos investigadores privados. Y cuando llegan las fiestas, a esas personas que les quisieron cobrar, les envían tarjetas con los mejores deseos para el año que comienza.

Aunque su negocio tiene un 40% de crecimiento anual, reconoce que 2017 fue un año difícil.

—La gente no quería pagar y te ponían la delincuencia como excusa. Me decían que si los ladrones están sueltos, ¿por qué yo quería ir a cobrarles a ellos?

Hay deudores que no tienen la voluntad de pago y listo. Pero hay otros que sí, y a ellos hay que saber cómo conquistarlos sin que te corten el teléfono antes.

—¿Cuál es el secreto para cobrarles?

—Nunca pelearse con el deudor. El cobrador bueno es como el buen vendedor: tiene que ser psicólogo y consejero. Tiene que saber escuchar y mientras te escucha te busca la necesidad para venderte el pago de la deuda —dice.

Por eso, para lograr una mejor empatía, esta empresa prioriza la contratación de empleados que hayan sido deudores. Es que se sabe: nadie está libre de deudas.

Se compra más, ahorramos poco y “debajo del colchón”

Ana Laura Fernández, asesora económica de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios, explica que en 2017 el consumo creció un 4%, transformándose en un motor del crecimiento económico. ¿Por qué sucedió? “El salario de los hogares aumentó, la inflación fue moderada (entonces la suba de los precios fue estable) y el valor del dólar tendió a la baja, entonces con un mayor poder adquisitivo, los uruguayos compramos más”. Sobre todo adquirimos más bienes durables, como autos, motos y electrodomésticos. ¿Esto es bueno? “La señal es que no estamos creciendo porque aumenten las inversiones o las exportaciones, sino porque consumimos más, y el consumo es volátil, entonces es como si los cimientos no estuvieran firmes”, opina.

Los uruguayos, además, no somos buenos ahorristas. Silvia Vázquez, investigadora del Departamento de Economía de la Universidad Católica, cuenta que de acuerdo a un estudio que realizó SURA en 2016, confundimos “ahorrar” con “economizar”. Solo para el 47% de los consultados ahorrar significa “guardar dinero” (versus un 64% en el promedio de América Latina). Y entre aquellos que afirmaron haber ahorrado en el último mes, la mitad respondió haberlo hecho “por su cuenta, en su casa”, es decir “debajo del colchón”: el doble que en el resto del continente.

Un antiguo deudor que ahora lidia con acreedores ajenos

“Lo primero que hice fue romper el estigma social de ser deudor”, dice Eduardo Evangelista, uno de los fundadores de la cooperativa Cusaf, creada en 2003 por un grupo de deudores de créditos bancarios que quedaron atrapados entre cuentas durante la crisis económica de 2002. “Acá está la idea de que ser deudor es ser una mala persona y yo fui deudor y no me endeudé por capricho, sino por el sistema”, dice. Evangelista había sacado un préstamo para armar una empresa de construcción que brindaba servicios al Estado.

Luego de participar de más de 80 ponencias en el Parlamento, ante la Comisión de Endeudamiento y Hacienda, creó la cooperativa. Entre los primeros socios había arroceros, lecheros, camioneros y constructores.

La propuesta era enfrentar las deudas de forma colectiva, pero mediante un modelo de ahorro individual. La metodología aplicada es comprar carteras de deudas, alargando los plazos de financiación y de esta forma permitirle a sus socios pagar con cuotas accesibles.

De esta forma, entre el período de 2003 a 2007, Evangelista asegura que la cooperativa negoció US$ 8.000.000 de deudas en los Fondos de Recuperación de Patrimonio Bancario. Eso ya pasó. Ahora Cusaf concentra su esfuerzo en asesorar a una proporción de personas con endeudamiento por créditos al consumo, el perfil más común entre los morosos actuales. Sobre todo atiende a los que tienen más de una deuda y hacen un crédito para pagarla, sistema que él apoda “el espiral de la muerte”.

Evangelista dice que lo primero que hace cuando llega un nuevo cliente es “elevarle la autoestima” y pedirle que “no se enferme”. No siempre funciona. En los 14 años que tiene al frente de la cooperativa lleva la cuenta del número de suicidios que hubo entre sus asociados: “Son 250 los que no aguantaron la presión de las deudas”, asegura. Hace dos años, él mismo colapsó. Cuenta: “Había 16 profesores de Secundaria con intento de suicidio. Cada mañana tenía que llamarlos para ver si estaban bien, hasta que caí enfermo por estrés”.

De acuerdo a su experiencia, el escenario más complicado de la actualidad es el endeudamiento de jóvenes entre 18 y 23 años. “Es una generación que ya está embargada”, dice. Y agrega: “No es lo mismo que sucedía en la crisis de 2002, cuando el perfil más común entre los morosos era el de personas de entre 40 y 60 años, que tenían bienes y pertenecían a otro segmento social, y tenían otro tipo de endeudamiento. Ahora los jóvenes se endeudan para consumir. He visto cuentas que van desde $ 100.000 hasta el $ 1.000.000”, cuenta.

Los programas de endeudamiento tienen como base el ahorro individual. Por eso cada socio tiene la obligación de pagar $ 1.500 por mes y, al sexto mes, los abogados de la cooperativa empiezan a negociar sus deudas, “contando ya con un capital de casi $ 10.000 ahorrados para empezar”. Una vez que la deuda es negociada, Cusaf se transforma en el acreedor de su socio. Su tasa de morosidad es del 3% (bastante similar a la tasa de morosidad en bancos privados, según informó CPA Ferrere), sin embargo cree en la recuperación del deudor y pone como ejemplo que tiene más de 1.000 casos de deudores múltiples a los que la cooperativa entregó una tarjeta de crédito por un monto de $ 40.000 y están al día. Aconseja: “Hay que confiar en educar a los deudores”.

El largo, variado y tenaz camino de los acreedores.

Si bien las empresas que gestionan el cobro de morosos y la recuperación de activos insisten en que la premisa que reciben de sus clientes suele ser evitar el camino judicial, el número de deudores que terminan en un juzgado está creciendo.

El abogado Gerardo Ferrari explica que las deudas por créditos al consumo tienen una vida útil de 20 años desde su fecha de exigibilidad, que se fija en cada contrato. Si a lo largo de esa fecha no se iniciaron acciones legales para cobrar, cumplido ese plazo la deuda prescribe. Para cobrar una cuenta pendiente el acreedor puede embargar al deudor, y si el deudor tiene bienes la posibilidad de cobrarle es “abismalmente diferente de que si no los tuviera”, señala el contador Nelson Chicurel.

“Con las tasas máximas de interés que hay, en pocos meses un préstamo te come un auto o una casa”, agrega. Los embargos pueden inscribirse cada cinco años, pero a los 30 prescriben.

La modificación del Código General del Proceso en 2013 trajo malas noticias para los deudores. Ahora, además de un bien se puede embargar una caja de ahorro, que no es la cuenta donde se deposita un salario (los préstamos que se descuentan del sueldo tienen otras condiciones y otras tasas máximas de interés). Luego de agotar el resto de las vías legales, el deudor es citado a declarar si tiene o no bienes o cuentas. Si no se presenta, el acreedor puede solicitar la información al Banco Central del Uruguay (BCU) y a la Dirección General de Registros. “Si tiene una cuenta bancaria y la descubro, se le puede embargar”, explica Ferrari. Esta es la principal causa que justifica el crecimiento de la judicialización.

Además, el deudor ingresa a la base de datos del Clearing de informes, y su mala reputación crediticia puede dejarlo afuera del mercado de créditos por un período de cinco a 10 años, dependiendo de la política de la empresa que lo ingresó. También obtiene una mala puntuación en la Central de Riesgos del BCU, que cada mes recoge información financiera y categoriza a los deudores (personas y empresas) del uno al cinco. Cinco es la peor calificación: incobrable.

Las deudas incobrables a veces son vendidas por empresas a otras empresas, a particulares o a estudios jurídicos. La mayoría de los entrevistados negaron comprar carteras de deudores y el único que lo hizo, dijo que adquirió deudas por un valor de entre el 8% y 15% del valor total.

Fuente: https://www.elpais.com.uy/que-pasa/deudas-duermen.html